La inteligencia artificial no sustituye al ser humano: potencia su capacidad


La adopción responsable de la inteligencia artificial (IA) debe ir acompañada de capacitación, protección de datos, gobernanza y criterios claros de seguridad, coincidieron especialistas durante el panel “Ciberseguridad con Enfoque Práctico”, organizado por el Comité de Seguridad Patrimonial de la Asociación de Industriales de El Salto (AISAC).


La sesión fue moderada por Orlando Lanciani, coordinador del Comité de Seguridad Patrimonial de la AISAC, y contó con la participación de Andrés de la Poza, especialista español en ciberseguridad y protección de datos; Sigfredo Bernabé Pineda, líder de Seguridad Patrimonial de Productos Maver, y Paul Messeguer, Corporate Security Manager México & Governance Americas Region.


Durante el encuentro virtual, los especialistas coincidieron en que la inteligencia artificial dejó de ser una tendencia tecnológica para convertirse en una herramienta que ya forma parte de las operaciones de numerosas organizaciones. El verdadero desafío para las empresas, señalaron, es encontrar un equilibrio entre la velocidad con la que se incorpora esta tecnología y el control de los riesgos que puede generar.


Andrés de la Poza explicó que una implementación responsable requiere, antes que nada, contar con datos confiables, capacitar a los usuarios y seleccionar adecuadamente las herramientas. La IA puede procesar grandes volúmenes de información y reducir considerablemente el tiempo destinado a determinadas tareas, pero si los datos de origen son incorrectos, también puede amplificar los errores.


Por su parte, Paul Messeguer destacó que uno de los principales beneficios de la IA es la posibilidad de automatizar actividades repetitivas y liberar tiempo de los colaboradores para que puedan concentrarse en tareas de mayor valor, innovación y análisis. Sin embargo, advirtió que no toda actividad requiere inteligencia artificial y que implementarla sin identificar previamente una necesidad concreta puede convertirse en un gasto innecesario.


En materia de ciberseguridad, Andrés de la Poza señaló que la IA tiene una doble dimensión: puede fortalecer las capacidades defensivas de las organizaciones, pero también puede ser utilizada por los atacantes para incrementar la velocidad y sofisticación de sus acciones. Por ello, las empresas deben conocer sus propios riesgos, fortalecer sus controles y mantener la participación humana en las decisiones críticas.


Uno de los puntos centrales de la conversación fue la protección de la información empresarial. Sigfredo Bernabé Pineda recomendó clasificar la información de acuerdo con su nivel de sensibilidad, establecer quién puede acceder a ella, definir privilegios y mantener mecanismos de monitoreo continuo. La protección debe considerar tanto la tecnología como los usuarios que tienen contacto cotidiano con los datos.


Los panelistas también alertaron sobre el riesgo de que los colaboradores introduzcan información confidencial en plataformas públicas de inteligencia artificial sin conocer las consecuencias. Frente a este escenario, recomendaron que las empresas establezcan políticas, procedimientos, protocolos y reglas claras sobre qué información puede compartirse y qué herramientas están autorizadas para utilizarse.


Para las empresas de la AISAC, los especialistas recomendaron no adoptar IA por moda o presión tecnológica, sino comenzar con problemas específicos, medibles y de bajo riesgo. Entre las primeras aplicaciones pueden encontrarse la elaboración y actualización de documentos, generación de reportes, resumen de información, análisis básico de datos y automatización de procesos repetitivos.


Otro de los grandes retos identificados durante el panel fue la preparación del talento humano. Los especialistas consideraron que actualmente el problema ya no es necesariamente la falta de tecnología, sino la falta de conocimientos para utilizarla correctamente. “No compremos el Fórmula 1 si no sabemos manejarlo”, fue la idea que sintetizó esta preocupación: la inversión tecnológica debe ir acompañada de capacitación y cultura organizacional.


En este sentido, Paul Messeguer recomendó que los profesionales, particularmente quienes trabajan en seguridad y gestión de riesgos, adquieran conocimientos básicos sobre inteligencia artificial, sin que esto signifique convertirse en ingenieros especializados. El objetivo es comprender sus posibilidades, identificar sus riesgos y saber cuándo recurrir a expertos.


Entre las principales recomendaciones para las empresas de la AISAC destacan: capacitar al personal en el uso seguro de la IA; establecer políticas internas; clasificar y proteger la información; definir herramientas autorizadas; monitorear accesos; mantener controles humanos sobre decisiones críticas; evaluar el retorno de inversión de cada proyecto y comenzar con aplicaciones concretas que generen beneficios medibles.


La conclusión del panel fue: la inteligencia artificial no debe verse como sustituta del talento, sino como una herramienta para potenciarlo. Cuanto más poderosa sea la tecnología, mayor deberá ser la capacidad de las personas para cuestionar, verificar y utilizar responsablemente sus resultados.

Edición de Elvira Sánchez Rivera especialista en Comunicación Corporativa

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